Quizás
este pensamiento, lo de la bomba atómica, oculta un pensamiento real, personal,
que sería el de enfrentarse con los propios miedos, el imaginarse quizás, muriendo, en un accidente, asesinados en medio de la calle, o encontrando la
muerte tras una enfermedad. Hoy en día la inseguridad es la reina de nuestras
vidas y no hacemos más que salir a la calle para comenzar a sentir el miedo de
encontrarse con lo peor. Y lo más
abrumador es que nunca sabremos cuándo ocurrirá, nos creemos fuera de ese
momento, invencibles e intocables. Pero no notamos que la gente que muere son vos, yo, él y ella. Gente común, que sale de su casa para ir a la verdulería y
es atropellada por un conductor irresponsable, el empresario que sufre el
estrés por las pérdidas de su compañía y un infarto termina con su vida. Nunca
avisa, no se presenta y ni nos da tiempo para despedirnos. Es así, la muerte puede
ser ahora, en dos minutos, mañana o en años. Morir sin esperarlo, ese es
nuestro destino y creo, a medida que escribo estas líneas, que no sirve de nada
lamentarse por lo que pasará sino disfrutar, caminar, reír, sentir el aire
fresco de la mañana en los pulmones, darse cuenta de que hoy estamos, mañana no
lo sabemos, y hacer que los que nos rodean se sientan felices, avanzar por la
vida, hasta que llegue nuestro momento y debamos irnos, dejando atrás una vida
normal pero feliz, realizada, en la que nada quede mal hecho o con
arrepentimientos. Así debería ser, y espero poder lograrlo.
miércoles, 11 de julio de 2012
Se
siente extraño pensar que si cayera una bomba atómica en algún lugar del mundo, su gran magnitud y poder tienen la capacidad de acabar con todo provocando la muerte
al instante. No tendríamos tiempo de decirnos “adiós”, “fue un gusto haberte
conocido”, “haber compartido una vida a tu lado”, “gracias”, “hasta pronto”.
Quedarían tantas cosas inconclusas, personas para despedir, cosas por
hacer, historias por vivir. Es traumante pensar que lo que llevamos vivido
se acabe en cuestión de segundos y se vea reducido a nada. Todo dejaría de
existir para nosotros, desaparecería. Adiós a los seres que pueblan la tierra,
adiós a todo tipo de vida que sin habérselo imaginado cumplen su ciclo, no
porque así estuviese planeado si no porque un par de manos hicieron lo que no
debían. Pensalo, no más amor, no más tristeza, no más alegrías, no más
decepciones. Nada queda. Nadie en el mundo, estaríamos ante un paisaje desolador.
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