La cuestión ahora esta en lo que pasa cuando no somos capaces de decidir, de tomar una decisión, cuando mas que confiados en nuestro camino, sentimos el miedo de hacer algo que quizás arruine lo que veníamos construyendo hasta el momento. Que hundamos el barco, que volemos el castillo de cartas.
"No tenía miedo a las dificultades: lo que la asustaba era la obligación de tener que escoger un camino. Escoger un camino significaba abandonar otros."
Paulo Coelho
Por ende, suele suceder siempre lo mismo: cuando no tenemos nada y estamos solos, aparece lo que buscábamos, algo que nos hace volver a tener ganas de salir a disfrutar, correr, reír, algo que te dice salí a divertirte, buscame y vas a ver que volves a ser vos. Finalmente, uno se acomoda, se equilibra, y empieza a acostumbrarse a esa forma de vida, ¿para que? Para que de repente aparezca algo nuevo que nos empieza a tentar, a querer sacarnos de la estabilidad, a hacernos correr riesgos y a tentar la suerte y desequilibrarnos nuevamente. Además, como si no fuera ya demasiado con esto, la gente es capaz de hablar, comentar y decir cosas sobre uno y las decisiones que toma, y el camino que elige, como si ellos mismos fueran seres perfectos incapaces de cometer errores.
Entonces yo me pregunto, cual es la gracia de buscar ese equilibrio constante si sabemos bien que todo en cierto momento de desarma, se cae, se vuela o se va. Y es así de verdad.
Creo que la gracia es el vivir, el sentir y ser alguien confiado en que todo puede ser. Que todos estas pruebas y errores nos sirven para ir abriendo caminos, y que por eso, no hay que confiarse en que lo tenemos todo y quedarse parado en la vida como si todo estuviera resuelto porque sinceramente, las cosas cambian y es imposible detener el progreso.
La gente si quiere hablar, que hable. No va a modificar para nada mi manera de ser, comportarme o actuar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario